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«Mujeres y niñas con discapacidad están más expuestas a la pobreza»

Los asistentes a la presentación del manifiesto, ayer.MARIO ROJAS

La procuradora general del Principado critica que la UE anteponga «la vulnerabilidad del sistema financiero a la de las personas»
«Las mujeres y niñas con discapacidad están más expuestas al riesgo de pobreza relativa». La procuradora general del Principado, María Antonia Fernández Felgueroso, citó ayer la página 61 del \'Segundo manifiesto de los derechos de las mujeres y niñas con discapacidad de la Unión Europea\', que acaba de ser editado por la Procuraduría, durante la presentación oficial del documento.
Un manifiesto redactado en Budapest en mayo de 2011 por la Asamblea General del Foro Europeo de la Discapacidad y que asegura, acto seguido, que precisamente por esa desigualdad económica «se hace especialmente necesario considerar su situación prioritaria en las políticas sociales y económicas, que poca nota han tomado hasta el momento a la hora de garantizarles su derecho a un nivel de vida adecuado y a una efectiva protección social».
En la misma línea, Fernández Felgueroso criticó con insistencia que la Unión Europea anteponga «la vulnerabilidad del sistema financiero a la de las personas».
«Esta Europa que se pasa el día discutiendo sobre economía tiene aún como asignatura pendiente los problemas de las mujeres con discapacidad», aseguró la procuradora general, quien pintó un negro panorama en el que «lo económico se ha antepuesto a lo humano».
Y las cosas pueden ir a peor, ya que vaticinó que la Europa de dos velocidades de la que hablan los expertos «pasará a la de tres, cuatro o incluso de cinco, si las políticas están más basadas en las cuentas de resultados que en la situación de las personas más débiles».

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Cómo prevenir los estragos de la discapacidad en los ancianos

El 8 por ciento de la población mayor de 65 años padece fragilidad, principal factor de riesgo de la discapacidad.

Los especialistas insisten en la importancia de una adecuada nutrición y la práctica de ejercicio físico como principales medidas de prevención

Discapacidades, caídas, desnutrición, hiponatremia... Las cifras que manejan los expertos en relación con los factores de riesgo y la pérdida de facultades que padecemos los humanos por el proceso de envejecimiento suelen ser preocupantes, cuando no alarmantes. Y para muestra, un botón: el 8 por ciento de la población mayor de 65 años padece fragilidad, el principal factor de riesgo de la discapacidad, y el 41 por ciento se encuentra en una fase previa que se denomina pre-fragilidad. Y no resulta, precisamente, tranquilizante, saber que España será dentro de unos años uno de los países más envejecidos del mundo.

Estos datos pertenecen al Estudio Toledo de Envejecimiento Saludable, una investigación elaborada por el Servicio de Epidemiología de la Consejería de Salud de Castilla La Mancha y el Servicio de Geriatría del Hospital Virgen de la Salud, dependiente del Gobierno regional. En él se evaluó el estado de salud de más de 2.400 personas en nuestro país, tras lo cual se puso de relieve que, en las últimas seis décadas, se ha triplicado la expectativa de vida en los mayores de 65 años que, de cinco años a mediados del siglo pasado, ha aumentado a casi 20 años en la actualidad.

Por otra parte, los principales investigadores del mundo en materia de envejecimiento reunidos recientemente en Madrid -Conferencia de Consenso sobre Fragilidad- con el objetivo de establecer un consenso que permita categorizar y medir este factor de riesgo para aplicarlo en la atención diaria a los pacientes ancianos, subrayaron que esta prolongación de la expectativa de vida puede ser considerado inicialmente un éxito y una consecuencia directa de las mejoras en la calidad de vida, pero el problema estriba en que dicha mayor longevidad no está exenta de retos que amenazan a medio y largo plazo a los sistemas de protección social y sanitaria, y sin lugar a dudas, es la discapacidad uno de sus principales problemas. De modo, pues, aducen los expertos, que para medir el envejecimiento no hay que apoyarse sólo en la edad cronológica, sino también en otros factores, como el grado de discapacidad del individuo.

Discapacidad y dependencia

El doctor Leocadio Rodríguez Mañas, jefe del servicio de Geriatría del Hospital de Getafe de Madrid, manifiesta a este respecto, que "las amenazas a los sistemas de protección social y a la calidad de vida de los ancianos no se derivan del envejecimiento de la población en sí, sino de uno de sus principales riesgos: la discapacidad que, cuando alcanza cierto grado, conduce a la dependencia". La presencia de la discapacidad multiplica por 3,2 veces los costes de atención sanitaria.

La discapacidad en nuestro país, según los datos del Estudio Toledo, ha disminuido en un 24 por ciento para la realización de actividades instrumentales, como el uso del transporte público, llevar asuntos económicos, ser responsable de la propia medicación, lavado de ropa, aseo personal, preparación de comida, entre otras, y un 18 por ciento para el desarrollo de acciones cotidianas de la vida diaria respecto a lo que sucedía hace quince años.

Retrasar la incapacidad

Para Rodríguez Mañas, estos son "datos optimistas", e insiste en que estos buenos resultados se deben, en gran medida, a las políticas de prevención adoptadas, por lo que aboga por intensificar las mismas y dirigirlas, sobre todo, a la población más vulnerable en la actualidad: los pacientes que presentan algún tipo de fragilidad. "Es en esta fase donde se están centrando los esfuerzos de los investigadores, ya que podemos actuar e intervenir sobre las situaciones de riesgo y evitar o al menos retrasar su evolución a la discapacidad. Por el contrario, cuando la discapacidad ya está establecida las probabilidades de revertirla son verdaderamente escasas".

La fragilidad no sólo predice el riesgo de discapacidad sino también el de presentar otras situaciones de marcado impacto entre la población anciana, al aumentar el riesgo de caídas, de hospitalización, de internamiento en residencia o incluso de fallecimiento. Este riesgo de la fragilidad es incluso superior al riesgo asociado a padecer enfermedades crónicas, especialmente en los mayores de 75-80 años, según demuestran estudios recientes realizados en Canadá y Estados Unidos.

Ante esto, los especialistas insisten en la importancia de las medidas de prevención. La más contrastadas son la actividad física mediante ejercicio aeróbicos (paseo, carrera, montar en bicicleta, nadar, bailar...) como de resistencia (pesas, mancuernas, estiramiento contra resistencia, subir escalones...). A ello hay que asociar una adecuada nutrición, un equilibrado aporte calórico-proteico, evitando la malnutrición.

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