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Estoy aquí para ti, para lo que necesites

La forma en la que nos dirigimos a una persona con cáncer no ha de cambiar. Hay que seguir contando con ella para planes y encuentros sociales. La persona afectada es quien marca los límites.
Un diagnóstico de cáncer genera un impacto emocional muy importante en la persona afectada y en su entorno que hace que afloren sentimientos de tristeza, miedo e incertidumbre ante el temor a perder la vida. En este contexto de malestar emocional, muchos pacientes requerirán asesoramiento profesional de salud mental para responder a multitud de preguntas y sobrellevar la enfermedad de la mejor manera posible. Es también preciso el cuidado y apoyo de familiares y allegados, que en muchos casos no saben cómo han de relacionarse con la persona afectada para brindarle la mejor ayuda y acompañamiento posibles.

Cada año se detectan alrededor de 13.500 nuevos casos de cáncer en Euskadi, según los últimos datos del Departamento de Salud del Gobierno Vasco y la enfermedad sigue teniendo mayor incidencia en los hombres y va en aumento con la edad, a partir de los 65 años, tanto en hombres como en mujeres.

Estoy aquí para ti, para lo que necesites

Con motivo de la celebración, el pasado día 4 de febrero, del Día Mundial del Cáncer, Miren Barrutia, especialista en el tratamiento psicológico del cáncer de IMQ-AMSA, responde a las cuestiones más comunes que se plantea el entorno de los afectados por cáncer para saber cómo han de gestionar la relación con su ser querido.

La psicóloga de IMQ-AMSA explica que en el abordaje psicológico del cáncer es muy importante el papel que juegan familias y amigos en el proceso de apoyo. En opinión de la experta de IMQ-AMSA, “lo primero que hay que plantearse es cada persona es distinta y que las que sufren cáncer tampoco van a responder de la misma manera, ya que entran en juego muy diferentes factores: cómo es la persona afectadas, en qué momento o situación se encuentra y el grado de cercanía y relación que mantenemos con ella”.

Como segunda recomendación, Miren Barrutia destaca que “tenemos que ser conscientes de que quienes vamos a interactuar con los afectados por cáncer hablamos muchas veces desde nuestros miedos: miedo a tener cerca la enfermedad, miedo a que nos pase a nosotros, a no acertar en lo que vamos a decir para hacerle sentir bien, etc. lo que dificulta la comunicación”.
No hay que cambiar

En este sentido, la experta de IMQ-AMSA afirma que “la forma en la que nos dirigimos a las personas afectadas no ha de cambiar y debemos seguir contando con ellas para encuentros con amigos, comidas familiares etc. Son ellos y ellas quienes van marcando los límites y quienes tienen que decir hasta cuándo y hasta donde quieren llegar”. “Lo importante es dejar que el paciente sea quien tome la iniciativa, que nos vaya marcando los tiempos y nos diga qué es lo que necesita y cuándo lo necesita”, agrega.

“Al dirigirnos a una persona con cáncer es importante mantener la calma y no intentar llenar todos los espacios de una conversación diciendo cualquier cosa. Hay que saber mantener esos silencios para ofrecer tiempo a esa persona, mantener contacto visual y seguir siendo quienes somos, teniendo lógicamente en cuenta qué situación está viviendo”, aconseja la psicóloga de IMQ-AMSA.

Añade Miren Barrutia que “cuando hablamos desde el miedo o queremos mostrar interés y no sabemos cómo hacerlo, tendemos a dar consejos o a usar frases comodín y ninguna de las dos cosas suele ayudar. Dar consejos no es, de hecho, recomendable si no se piden, incluso habiendo pasado por una experiencia similar. Tampoco frases hechas del tipo no te preocupes, todo va a salir bien, te entiendo, sé lo que estás pasando o ánimo, porque no ayudan. Solo la persona que padece un cáncer sabe lo que está sintiendo”.
No ánimo, sino fuerza

“Algunos pacientes me han transmitido en la consulta lo vacía que les resulta la palabra ánimo. Recientemente, un paciente me dijo que no necesitaba ánimo, que lo que necesitaba era fuerza. Los pacientes tienen la sensación de que amigos y conocidos nos escondemos detrás de esa palabra para que la conversación termine pronto o para que mantenga un tono positivo, para no escuchar malas noticias o que aparezcan llantos que nos incomodan porque no sabemos cómo actuar ante eso”, subraya.

En este contexto, la psicooncóloga de IMQ-AMSA afirma que “no hay frase mágica que ayude a todos los pacientes a evolucionar de la misma manera” pero sí cree acertado “hablar desde la honestidad y explicar directamente que no sabemos qué decir o que nos cuesta hacerlo. “Es mejor indicar que lo que nos gustaría saber es cómo ayudar. La clave está en decir “estoy aquí para ti, para acompañarte” indicando que cuando quiera puede hablar, reír, llorar... Debemos hacerles partícipes de los planes, incluso ofrecernos a hacer los recados que necesite”.


Pasar a la acción

El cáncer es un proceso abrumador con muchos cambios a los que ir adaptándose poco a poco con esfuerzo y es difícil saber con claridad qué es lo que haría la vida mejor a cada persona. “Muchas veces no saben realmente lo que quieren. A veces no es tanto acertar con la palabra, sino llevar esas palabras a la acción.”

La psicóloga de IMQ-AMSA destaca, finalmente, que “la mayoría de las veces, siempre desde la mejor intención, tendemos a nombrar otros casos. Por mostrar un poco de empatía, tendemos a hablar de mi vecina, de la madre de mi amiga o de otros casos que creemos que va a hacer sentir mejor a esa persona y puede provocar el efecto contrario”.

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